Entrevista a Mª Soledad Gómez Mendoza
Enfermera especialistas en heridas complejas
Segundo premio Liderazgo Enfermero con el proyecto ‘Creación de una consulta de herida compleja para el abordaje de úlcera venosa’
Enfermería en Vena entrevista a Mª Soledad Gómez, “Marisol” para todas sus compañeras del Hospital San Pedro, y muy especialmente para las de la 2ª planta, donde ejerce como supervisora del Servicio de Cirugía Vascular, Cardiaca y Ginecología- Alto Riesgo.
Hay enfermeras que aman su profesión, pero lo de Marisol es diferente. Habla con pasión de vulvectomías, dehiscencias, tejido desvitalizado, apósitos, lechos de la herida, úlceras… términos todos ellos que forman parte del complejo mundo de las heridas complejas, un ámbito que conoce a fondo y maneja con gran solvencia.
Desde su llegada como enfermera a la planta de ginecología, su interés por el campo de las curas fue creciendo hasta marcar su camino profesional y convertirla en la experta que es hoy. Actualmente forma parte de la Comisión de Heridas del hospital y también de la Comisión de Docencia, Investigación y Formación, porque la docencia es otra de sus grandes pasiones.
Acaba de recibir el segundo premio Liderazgo Enfermero por el proyecto “Creación de una consulta de herida compleja para el abordaje de la úlcera venosa”, del que nos hablado en este entrevista.
P. ¿En qué consiste tu proyecto?
R. Consiste en crear una consulta para el abordaje de úlceras venosas que se complican. Tenemos una incidencia muy alta de úlceras venosas por insuficiencia crónica, que, si no se tratan adecuadamente, se cronifican con el tiempo, lo que implica mala calidad de vida para el paciente, reingresos, infecciones, complicaciones, además de un aumento del gasto sanitario.
Mi proyecto está enfocado en las úlceras venosas, pero la consulta abarcaría todo tipo de heridas complejas. Heridas que se cronifican, que persisten en la fase inflamatoria como lesiones por presión, ulceras venosas… Dehiscencias quirúrgicas, infectadas, con tejido necrótico que no evolucionan.
(*) Una herida compleja es aquella que presenta dificultad para cicatrizar en el tiempo esperado (≥4–6 semanas) debido a factores locales, sistémicos o etiológicos, y que conlleva alto riesgo de infección, cronicidad, amputación o deterioro funcional.
P. ¿Cuáles son los objetivos del proyecto?
R. Lo que se pretende es acortar los tiempos de cicatrización en ulceras venosas a través de la creación de una unidad de herida compleja en La Rioja; proporcionar cuidados integrales al paciente con herida compleja y a su familia y racionalizar el gasto sanitario en materiales para el cuidado de las heridas crónicas.
P. ¿Se trataría de establecer una consulta de herida compleja liderada por enfermería?
R. Si, efectivamente, diversos estudios muestran que la inclusión de enfermeras de práctica avanzada en heridas complejas mejora tanto los resultados clínicos como la eficiencia económica.
P. ¿Dónde debería estar ubicada y a qué servicio estaría adscrita?
R. Las unidades de heridas son equipos multidisciplinares liderados principalmente por enfermería e integran especialistas en cirugía vascular, cirugía plástica, traumatología, podología, endocrinología-nutrición, y en algunos casos, medicina de enfermedades infecciosas. Estas estructuras organizativas unificadas permiten centrar la atención en el paciente y su patología, optimizando el proceso de cuidado.
Lo ideal sería ubicarla en el Hospital Universitario San Pedro para facilitar la atención interdisciplinar.
«El proyecto lo he realizado yo, pero recoge el sentir de todas mis compañeras, tanto de vascular, ginecología y otras especialidades, y refleja el trabajo mano a mano que realizamos asumiendo todas las curas»
P. La Rioja es una de las pocas comunidades que no cuenta con una consulta de este tipo. ¿A qué se debe?
R. Actualmente no hay consulta, se ha estado realizando este tipo de curas a través de otras vías, pero si sigue aumentando la incidencia a este ritmo en un futuro será necesario implantarla.
P. ¿Qué necesidades reales y específicas motivan la creación de esta consulta?
R. En España, aproximadamente el 30% de la población sufre insuficiencia venosa crónica, y según el Documento de Consenso CONUEI (2018), entre el 75 y el 80% de las úlceras en las piernas tienen etiología venosa. Se estima que hay alrededor de 392.000 pacientes con úlceras vasculares, lo que representa cerca del 1% de la población, especialmente en mayores de 65 años. A pesar de la evidencia, solo una de cada seis personas recibe tratamiento con terapia compresiva, que es el estándar de oro para el control de estas lesiones.
P. ¿Qué tecnología se utilizaría?
R. Las heridas se pueden abordar de diferentes formas dependiendo de la fase en la que se encuentre por lo que hablamos de combinar tratamientos. Se realizarían tanto curas en ambiente húmedo con el amplio catálogo del que disponemos en nuestra comunidad (somos afortunados), como terapias avanzadas, utilizando plasma o terapia de presión negativa.
«La empatía y una comunicación eficaz constituyen elementos esenciales del cuidado para el profesional y nos van a garantizar una mejor adherencia al tratamiento, ya que para lograr la curación necesitamos implicar al paciente y que confíe en nosotros»
P. ¿Has descrito el circuito de derivación de pacientes?
En el proyecto se describe todo el proceso. Se podrían atender interconsultas hospitalarias con el fin de reorientar el tratamiento, así como coordinar los diferentes niveles asistenciales. Esto incluye interconsultas con Atención Primaria y residencias sociosanitarias, que no siempre serían presenciales, sino que también podrían realizarse mediante teleconsulta.
P. ¿Habéis luchado por la creación de esta consulta?
R. A lo largo del tiempo, distintos profesionales y equipos han ido desarrollando iniciativas, mejoras parciales y prácticas avanzadas en el abordaje de estas heridas, lo que ha permitido detectar áreas de mejora y oportunidades de optimización dentro del sistema sanitario.
Esta propuesta pretende recoger, estructurar y dar coherencia a ese trabajo previo, integrándolo en un modelo asistencial más definido y sostenible, alineado con los objetivos de calidad, eficiencia y continuidad asistencial del sistema.
El proyecto lo he realizado yo, pero recoge el sentir de todas mis compañeras, tanto de vascular, ginecología y otras especialidades, y refleja el trabajo mano a mano que realizamos asumiendo todas las curas. Llevamos mucho tiempo queriendo que se haga esto, es decir, la consulta.
«A pesar de la evidencia, solo una de cada seis personas recibe tratamiento con terapia compresiva, que es el estándar de oro para el control de estas lesiones»
P. ¿Crees que tu propuesta podría impulsar o acelerar su puesta en marcha en el Sistema Riojano de Salud?
R. Bueno, estaría encantada si así fuera. Aunque también soy consciente de las necesidades estructurales, recursos humanos y económicos de nuestro sistema sanitario. Es verdad que una consulta de heridas responde a un problema asistencial real y creciente, ya que tenemos una población envejecida y con comorbilidad. Esta consulta permitiría mejorar los resultados en salud, acortando tiempos de cicatrización y mejorando la calidad de vida del paciente, además de racionalizar el gasto sanitario en material de cura en heridas crónicas.
P. Habiendo trabajado tanto en esto, ¿te sentirías orgullosa de verlo hecho realidad?
R. Mi función es analizar, estructurar y fundamentar propuestas con base científica y organizativa. El mérito —si el proyecto prosperase— sería exclusivamente de los profesionales y gestores que lo impulsen y lo lleven a la práctica.
P. ¿Ha habido intentos previos de poner en marcha esta consulta?
R. Es posible que hayan existido propuestas previas, pero la creación de una consulta se enfrenta a muchas barreras como limitación de recursos humanos, materiales, estructurales, necesidad de coordinación entre niveles asistenciales, prioridades administrativas cambiantes…
La que más sabe de apósitos
P. Dicen que eres toda una experta en heridas, que tus compañeros acuden a ti para las curas y que sabes más que nadie de apósitos en todo el hospital.
R. Bueno, yo no diría tanto, me llaman igual que yo llamo a otros compañeros. Además, como también doy formación sobre heridas en el hospital, eso hace que me conozcan un poco más.
Lo de los apósitos sí es cierto. Tenemos la suerte de contar con un catálogo muy amplio en comparación con otras comunidades. Somos afortunados, pero con tanta variedad es complicado saber para qué sirve cada cosa.
Desde la Comisión de Heridas estamos trabajando precisamente para mejorar la formación de todos los profesionales, para que sepan qué tenemos y cómo usarlo. Cuando no trabajas directamente con heridas, es difícil mantenerse al día con tantas novedades.
P. ¿Cómo llegaste a especializarte en el cuidado de heridas?
R. No diría tanto, es un tema que me gusta e intento formarme continuamente. He realizado un experto en el manejo de úlceras por insuficiencia venosa crónica, además de múltiples cursos, congresos y talleres de actualización en cuidados de heridas, y procuro mantenerme siempre al día.
P. ¿Podríamos decir que eres una enfermera de práctica avanzada especializada en heridas crónicas complejas?
R. Mi actividad profesional se ajusta en la práctica a competencias avanzadas en el abordaje de pacientes con heridas crónicas y complejas, especialmente en lo relativo a la valoración integral, la toma de decisiones clínicas, la aplicación de terapias avanzadas y la coordinación asistencial.
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P. ¿Hay alguna acreditación específica para enfermeras que trabajan con pacientes con heridas crónicas y complejas?
R. Especialidad como tal no existe; debería haberla, pero no la tenemos. Sí existen másteres y cursos expertos que permiten adquirir los conocimientos necesarios. Entonces, ¿qué ocurre? Poco a poco, cada administración ha ido poniendo su propia nomenclatura. Lo que se ha llamado enfermera de práctica avanzada podría haberse llamado simplemente enfermera de heridas complejas.
Al final, es una manera de especializarse. Pero no soy la única: hay muchas enfermeras que saben mucho sobre esto. En mi unidad, por ejemplo, tengo compañeras que también manejan este tipo de casos; concretamente, Alicia Ibáñez me ha enseñado todo lo que sé y he seguido sus pasos. También las enfermeras de la consulta de vascular, las de cirugía y las de geriatría tienen experiencia en este ámbito.
El paciente y la herida
P. ¿Cuál ha sido la herida más compleja que has tratado?
R. He tenido varios retos: una dehiscencia de esternón con tejido desvitalizado por radioterapia previa; una mama con infecciones resistentes y dehiscencias repetidas; y úlceras venosas muy complicadas, agravadas por la mala adherencia del paciente al tratamiento.
P. ¿El desafío está en la herida en sí o en el paciente que la presenta?
R. Sin duda, el desafío está en el paciente; la herida viene después, es solo una parte de él. A partir de ahí, valoramos todo: su analítica, su herida, su diabetes, su estado anímico, su trabajo, su apoyo familiar, su vivienda… Se debe hacer un abordaje integral.
Desde que entra por la puerta, tenemos que observar cómo llega: su vestimenta, sus zapatos, con quién viene, su higiene… También debemos preguntar e indagar en su vida. Todo eso influye en cómo evolucionará la herida y nos permite saber si necesitamos dedicarle más atención que a otro paciente que no tenga esos factores de riesgo.
P. ¿Cuáles son las heridas crónicas más frecuentes?
R. Las lesiones por presión son las más prevalentes en el ámbito hospitalario y socio sanitario y las ulceras de origen venoso son las más frecuentes en la comunidad.
P. ¿Qué grupo de población presenta mayor incidencia de este tipo de lesiones?
R. Las heridas crónicas presentan una mayor incidencia en personas mayores de 65 años con enfermedades crónicas, movilidad reducida, malnutrición. Según el tipo de herida, hay mayor incidencia en mujeres cuando son ulceras de origen venoso y mayor incidencia en hombres cuando hablamos de ulceras arteriales o pie diabético.
Muchas heridas crónicas son potencialmente evitables. La prevención es un elemento clave y estratégico en el abordaje de las heridas crónicas, ya que una vez establecidas suelen presentar evoluciones prolongadas, alto riesgo de complicaciones y un elevado consumo de recursos sanitarios.
La incidencia de las heridas crónicas está claramente condicionada por la edad, la comorbilidad y la dependencia funcional y presenta variaciones según el sexo en función de la etiología de la lesión.
«Tenemos la suerte de contar con un catálogo de apósitos muy amplio en comparación con otras comunidades.
Desde la Comisión de Heridas estamos trabajando para mejorar la formación de todos los profesionales, para que sepan qué tenemos y cómo usarlo»
P. Las heridas crónicas, una vez establecidas, son difíciles de tratar. ¿Qué papel juega la prevención y cómo pueden contribuir los profesionales de enfermería?
Los profesionales de enfermería desempeñamos un papel fundamental y transversal en la prevención de las heridas crónicas, por nuestra proximidad al paciente y nuestra visión integral del cuidado.
P. En el abordaje de estas heridas, la empatía y la comunicación con el paciente son fundamentales.
R. La empatía y una comunicación eficaz constituyen elementos esenciales del cuidado para el profesional y nos van a garantizar una mejor adherencia al tratamiento, ya que para lograr la curación necesitamos implicar al paciente y que confíe en nosotros.
P. ¿Qué papel juegan familiares y cuidadores?
P. La participación activa de los familiares y cuidadores es también un elemento muy clave para el éxito del tratamiento de las heridas crónicas, especialmente en pacientes con dependencia funcional, deterioro cognitivo o tratamientos prolongados en el domicilio.
Los profesionales de enfermería desempeñan un papel esencial en la formación, acompañamiento y apoyo a familiares y cuidadores, asegurando que los cuidados se realicen de forma correcta y segura.
«Sin duda, el desafío está en el paciente; la herida viene después, es solo una parte de él. A partir de ahí, valoramos todo: su analítica, su herida, su diabetes, su estado anímico, su trabajo, su apoyo familiar, su vivienda… Se debe hacer un abordaje integral»
Formación de enfermería en úlceras y heridas
P. ¿En qué punto se encuentra la investigación científica en enfermería sobre el cuidado de heridas?
R. Ha experimentado un desarrollo progresivo y sostenido en las últimas décadas.
Existen grupos de investigación y sociedades científicas lideradas por profesionales de enfermería. Se han publicado trabajos en revistas científicas especializadas, se han desarrollado guías de práctica clínica y consensos con participación enfermera, y también ha aumentado la formación metodológica y académica en este campo.
«Si el proyecto prosperase, el mérito sería exclusivamente de los profesionales y gestores que lo impulsen y lo lleven a la práctica»
P. ¿Crees que todas las enfermeras deberían tener conocimientos y práctica mínima en esta área, independientemente de si trabajan en hospitalización o en primaria?
R. La formación profunda y actualizada en el ámbito de las úlceras y heridas repercute directamente en la calidad de la atención a los pacientes.
Contar con competencias básicas en el cuidado de heridas crónicas para todas las enfermeras constituye una medida de seguridad, prevención y mejora de la calidad asistencial, y sienta las bases para que las enfermeras de practica avanzada puedan desarrollar su trabajo de manera eficaz.
P. ¿Cómo recibiste el premio?
R. No sabía nada. Fue una gran sorpresa.
Soledad Gómez Mendoza recogiendo el segundo premio Liderazgo Enfermero de manos de Alicia Ibáñez, presidenta del Colegio de Enfermería de La Rioja como entidad patrocinadora del mismo. Este galardón fue convocado en el marco de las II Jornadas de Debate de la Asociación Nacional de Directivos de Enfermería (ANDE), que se han celebrado en el Hospital San Pedro de Logroño el pasado mes de noviembre de 2025.

El Colegio de Enfermería de La Rioja no se hace responsable de las opiniones expresadas por las personas entrevistadas.








