«Que un enfermero haya alcanzado la máxima categoría docente e investigadora muestra que podemos llegar tan lejos como nos propongamos»
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Entrevista a Raúl Juárez Vela, catedrático de la Universidad de La Rioja
Pendiente de la toma de posesión, se convierte en el primero de la Unidad Predepartamental de Ciencias Biomédicas y Especialidades
En Enfermería en Vena, hemos entrevistado a Raúl Juárez Vela con motivo de su nombramiento como Catedrático de la Universidad de La Rioja, un hecho que le convierte en una de las máximas referencias académicas de la disciplina en nuestro país y que supone, no solo un reconocimiento a su trayectoria profesional e investigadora, sino también un avance significativo para la consolidación académica y científica de la Enfermería.
Raúl Juárez posee un perfil multidisciplinar —es médico, enfermero y jurista— y cuenta con una sólida trayectoria académica e investigadora en el ámbito de la salud: pendiente de la toma de posesión como catedrático, se convierte en el primero de la Unidad Predepartamental de Ciencias Biomédicas y Especialidades Sanitarias adscrito al área de Enfermería, donde ha desarrollado una intensa labor docente e investigadora, centrada especialmente en el autocuidado y en la psicometría de instrumentos de salud, participando en el diseño y la validación de herramientas de medición aplicadas a la práctica clínica.
Formado en la Universidad de Salamanca, su trayectoria refleja un firme compromiso con la excelencia académica, la investigación rigurosa y la transferencia del conocimiento para mejorar la calidad de los cuidados y el bienestar de la sociedad.
«Me hace especial ilusión haberlo conseguido desde el área de Enfermería, rodeado de grandes compañeros y compañeras»
P. ¿Cómo ha sido su trayectoria profesional y académica hasta llegar a este punto? R. Como bien señalas, toda mi trayectoria académica se ha desarrollado a partir de la formación que recibí en la Universidad de Salamanca, que es además mi universidad de origen. Allí cursé los estudios de Enfermería y Medicina y, posteriormente, realicé dos doctorados en Madrid, uno en Enfermería y otro en Medicina, este último distinguido con el Premio Extraordinario de Doctorado por la Universidad Autónoma, sin olvidar la formación jurídica con la carrera de Derecho. Alcanzar la categoría de catedrático de universidad no es, en absoluto, un proceso sencillo. Para poder acceder a ella se requiere una trayectoria muy consolidada en distintos ámbitos: docencia, investigación, gestión universitaria, transferencia del conocimiento, participación en proyectos internacionales, estancias en el extranjero y muchos otros méritos que exigen años de esfuerzo y dedicación. Por eso, me produce una gran satisfacción haber alcanzado este reconocimiento a los 43 años, aunque lo vivo no como un punto final, sino como una etapa más dentro de un recorrido en el que aún quedan muchos retos y proyectos por desarrollar.
P. ¿Qué momentos han marcado especialmente ese camino?
R. Probablemente, uno de los momentos más difíciles que he vivido en este camino fue el proceso de integración de la Escuela de Enfermería adscrita en la Universidad de La Rioja. Fue una etapa compleja y convulsa. En aquel momento yo ya era funcionario de la universidad, pero la situación generó mucha incertidumbre y, en algunos momentos, llegué incluso a plantearme la posibilidad de regresar a la asistencia sanitaria por el ambiente que se vivió. Con el tiempo, aquella etapa se superó. Echo de menos a compañeros y compañeras que formaron parte de ese periodo y que posteriormente dejaron la universidad, como Marian, pero hoy puede decirse que funcionamos genial, en línea con el modelo del resto de universidades españolas. Al final, son procesos difíciles que dejan huella, pero también forman parte de la evolución natural de las instituciones. Los comienzos, en muchos casos, nunca son fáciles.
«Me produce una gran satisfacción haber alcanzado este reconocimiento a los 43 años, aunque lo vivo no como un punto final, sino como una etapa más dentro de un recorrido en el que aún quedan muchos retos y proyectos por desarrollar»
P.¿Qué supone para la Universidad de La Rioja contar con un Catedrático de Universidad en el área de Enfermería?
R. Bueno, imagino que para la Universidad de La Rioja también es una satisfacción. Se trata, además, de un área en la que, cuando yo me incorporé, solo había tres doctores, incluyéndome a mí, estaban los doctores Iván Santolalla y Regina Ruiz de Viñaspre. Ver la evolución de nuestra área en los últimos años resulta especialmente gratificante. Hoy, prácticamente todos los miembros de mi grupo de investigación, procedentes del ámbito de la Enfermería, ya son doctores o están a punto de defender sus tesis. Además, muchos de ellos cuentan ya con la acreditación correspondiente para distintas figuras académicas, como Ayudante Doctor, Profesor Titular o Profesor Permanente Laboral. Todo ello refleja un crecimiento muy positivo del área y una consolidación académica e investigadora que, sin duda, es motivo de orgullo colectivo.
P. Y para la profesión enfermera, ¿qué relevancia tiene este reconocimiento en el ámbito académico y científico?
Al fin y al cabo, se trata del escalafón más alto dentro de la universidad. Que un enfermero haya alcanzado la máxima categoría docente e investigadora es, a mi juicio, una muestra de que podemos llegar tan lejos como nos propongamos.
En este momento, más que pensar en lo conseguido a nivel personal, mi deseo es que las personas de mi grupo sigan creciendo, alcancen también la condición de catedráticos y catedráticas, e incluso me superen en méritos, proyectos y reconocimientos. Creo sinceramente que ese sería uno de los mayores éxitos que podría vivir en el ámbito académico.
P. Coordina el grupo de investigación en cuidados de la UR. ¿Cuáles son actualmente sus principales líneas de trabajo? R. Coordino el Grupo de Investigación en Salud y Cuidados casi desde mi incorporación a la universidad. En la actualidad, se trata de un grupo multidisciplinar en el que participan enfermeros, médicos especialistas, psicólogos, farmacéuticos e incluso juristas, lo que nos permite abordar los problemas de salud desde perspectivas complementarias y enriquecedoras. Contamos con una producción científica muy sólida y con una presencia cada vez más relevante tanto a nivel nacional como internacional. De hecho, el pasado año recibimos un reconocimiento especialmente importante: el premio otorgado por la American Nurses Association (la Asociación Americana de Enfermería, un gran referente en Estados Unidos) a uno de los mejores artículos, liderado por la Dra. Regina Ruiz de Viñaspre. Siempre trabajamos con humildad, pero también con la convicción de que el esfuerzo sostenido da sus frutos. Nadie nos puede quitar el reconocimiento de habernos consolidado como uno de los grupos más citados en nuestro campo y de ser considerados referentes en numerosas publicaciones científicas. Nuestras líneas de trabajo son amplias y responden a la especialización de los distintos miembros del grupo. Entre ellas destacan la salud mental, la psicometría, la enfermería obstétrico-ginecológica o, a lo que yo me dedico fundamentalmente, el análisis de datos, la neurociencia y otros ámbitos vinculados a la salud y los cuidados.
P. En el plano más personal, ¿qué ha llevado a un salmantino a consolidar su carrera académica en La Rioja? ¿Qué le ha aportado este destino en lo profesional y lo vital? R. Jajaja, bueno, eso también es importante. Estoy en La Rioja y, aunque pueda sonar un poco tópico, en parte llegué aquí por amor, ya que mi pareja es de Alfaro. Con el tiempo, uno termina construyendo su vida en una tierra magnífica, de la que me siento profundamente orgulloso, como es La Rioja. En el plano personal, La Rioja me lo ha dado todo: felicidad, amistad y una gran calidad de vida. El carácter riojano me parece extraordinario: amable, cercano y abierto. Además, su gastronomía, su cultura y su gente hacen que, para mí, sea un lugar excepcional para vivir. En el ámbito profesional, es cierto que yo procedo de la Universidad de Salamanca, una institución histórica, la más antigua de España, con más de 800 años de trayectoria, grandes servicios y centros de referencia como el Instituto de Biología Molecular, el Instituto de Neurociencias de Castilla y León o el Centro de Investigación del Cáncer. Ese entorno investigador es, probablemente, una de las cosas que más echo de menos. Me gustaría que tuviéramos más facilidad administrativa en la colaboración con el CIBIR, pero también creo firmemente en el valor de construir, avanzar y seguir creciendo allí donde uno está. Como dijo Confucio: «No importa lo lento que vayas, siempre y cuando no te detengas».
«Probablemente, uno de los momentos más difíciles que he vivido en este camino fue el proceso de integración de la Escuela de Enfermería adscrita en la Universidad de La Rioja. Fue una etapa compleja y convulsa»
P. En el contexto nacional, ¿cuál es la situación de la Enfermería en la universidad española? ¿Son todavía escasos los catedráticos en esta área y qué dice eso sobre la evolución académica de la profesión? R. Creo que la situación de la Enfermería como ciencia dentro de la universidad española es, en este momento, muy positiva. Cada vez se lideran más proyectos, aumenta la producción científica y el peso académico e investigador de la disciplina enfermera se hace sentir con mayor claridad. Es cierto que todavía hay pocos catedráticos que, además, sean enfermeros de formación en el área de Enfermería. También conviene recordar que se puede ser catedrático en el área de Enfermería procediendo de otras titulaciones de base distintas a las de Enfermería; de hecho, hay un gran peso médico todavía. Sin embargo, considero que esta realidad irá cambiando progresivamente en muy corto espacio de tiempo. Debemos tener en cuenta el recorrido histórico de nuestra disciplina y el proceso de consolidación científica e institucional que ha vivido la Enfermería en las últimas décadas. Venimos de una evolución relativamente reciente si la comparamos con otras áreas de conocimiento, pero estoy convencido de que, en poco tiempo, esa situación histórica quedará plenamente superada.
P. En los últimos años, la Enfermería ha experimentado un notable avance en formación universitaria e investigación. Desde su experiencia académica, ¿considera que también el sistema sanitario debería dar un paso más e incorporar con mayor decisión a enfermeras en puestos de liderazgo, gestión y toma de decisiones? R. Por supuesto. No veo por qué un/a enfermero/a no iba a poder ocupar un puesto de liderazgo en el sistema sanitario si, dentro de la universidad, puede llegar incluso a ser rector/a. Pensar lo contrario carece de sentido. De hecho, en el ámbito universitario esa diferenciación no existe de la misma manera, porque todos formamos parte del grupo A1 y partimos de un mismo nivel en el acceso a la carrera académica y a los puestos de gestión. En ese marco, las categorías y responsabilidades vienen determinadas por los méritos docentes, investigadores y de gestión, con independencia de que la titulación de base sea Enfermería, Medicina, Derecho u otra disciplina. Cada uno desarrolla su labor e investiga dentro de su campo competencial, pero todos partimos, en esencia, de una situación de igualdad en el acceso a los cargos de responsabilidad y gestión universitaria. Y creo que esa lógica debería inspirar también otros ámbitos.
El Colegio de Enfermería de La Rioja no se hace responsable de las opiniones expresadas por las personas entrevistadas.