San Juan de Dios, el precursor de una enfermería más humana

  • Semblanza del patrón de la Enfermería. Descubrimos cómo su vocación y sus innovaciones en el cuidado de los enfermos marcaron un antes y un después en la enfermería y la atención hospitalaria del siglo XVI

San Juan de Dios es reconocido como el patrón histórico y tradicional de la enfermería, pero ¿alguna vez te has preguntado cuál fue su “obra” sanitaria? ¿Cómo entendía el cuidado del paciente? ¿Por qué se le considera un innovador?

En Enfermería en Vena hemos querido conocer más a fondo a nuestro patrono, profundizar en su persona y perfil sanitario y descubrir su relevancia para la enfermería moderna y el cuidado de los enfermos. Nos hemos informado con Sergio Martínez Sánchez, quien es director del Secretariado de la Pastoral de la Salud de la Diócesis y también compañero profesional sanitario: concretamente es técnico de Radioterapia en el CIBIR.

En este mano a mano entre Sergio y Enfermería en Vena, te acercamos a la persona que inspiró la enfermería moderna y te contamos por qué merece nuestra celebración.

Sergio, cuéntanos por qué se le considera el precursor de una forma moderna de atención y cuidado organizado y, al mismo tiempo, es una figura tan importante para la Iglesia. “Su importancia radica en que transformó el concepto de hospitalidad y el cuidado sanitario tras haber sufrido en carne propia el maltrato y las carencias del sistema hospitalario de su época. Desde el punto de vista religioso, fue la primera persona que supo llevar la compasión del amor de Dios de manera directa a los enfermos”.

Un innovador en su tiempo. Fue pionero en separar a los pacientes por patologías y sexos y en asistir y proteger a los enfermos mentales. “A San Juan de Dios se le considera precursor de una atención hospitalaria más organizada y humanizada en el siglo XVI, al introducir innovaciones asistenciales y organizativas revolucionarias para su tiempo, como la separación de enfermos por patologías y sexos, así como un enfoque centrado en la dignidad de la persona.”

“En ese sentido, mostró una sensibilidad particular hacia las personas con trastornos mentales, que en esa época solían ser marginadas o maltratadas, asistiéndolas desde una perspectiva protectora en lugar de punitiva, lo que se considera avanzado para el siglo XVI.”

Otra acción muy novedosa para la época fue reclutar voluntarios para cuidar y acoger a los enfermos. “El voluntariado no existía, fue San Juan de Dios el que lo implementó como novedad.” Y la formación. Antes de crear su primera fundación, se dedicó a formarse en farmacia y en enfermería “con la formación de entonces —estamos en 1539— basada únicamente en la práctica de la época.”

«Juan de Dios siempre fue laico y nunca perteneció a una orden religiosa formal en vida»
«El nombre de “Juan de Dios” surgió primero por admiración popular. La gente de Granada, al ver cómo cuidaba a los enfermos y a los pobres, lo consideraba un verdadero hombre de Dios»

Protector de los enfermos de salud mental. Para entender sus motivaciones hay que repasar algunos puntos clave de su biografía. Resulta chocante que acabara ingresado en un hospital “para locos” después de escuchar una prédica de otro santo, San Juan de Ávila. “En ese momento él era vendedor de libros, pero también había sido soldado, estuvo en la guerra, y seguramente al escuchar esa predicación sobre el martirio de San Sebastián algo se le removió por dentro pensando en todo aquello que hizo. Movido por el arrepentimiento de su vida pasada, sufrió una crisis espiritual y se sintió tan mal que salió por las calles de Granada arrancándose la ropa, tirándose al suelo, fustigándose, gritando ‘misericordia, ten misericordia, Señor, de este gran pecador’.”

Tras ser tenido por enajenado, terminó ingresado en el Hospital Real de Granada. Como en el resto de los hospitales del siglo XVI, no había separación de enfermos por categorías ni siquiera por sexos; mezclaban a todos con todos y apenas había camas, sino simples mantas en el suelo. Su estancia en este centro resultó decisiva para despertar su vocación por el cuidado de los enfermos y la protección de los enfermos mentales, pues allí presenció —y padeció en primera persona— el trato inhumano que recibían: reclusión en celdas oscuras, duchas frías aplicadas de forma sorpresiva, flagelaciones, exorcismos y ataduras en pies y manos. “Pedía a los cuidadores que trataran con dignidad a los enfermos y que les proporcionaran agua y alimento. En aquel lugar comprendió que su experiencia estaba orientando su vida hacia el cuidado de enfermos y mendigos, y pidió a Jesucristo el don de tener un hospital propio donde atenderles con dignidad, con un trato humano y compasivo.”

Después de relatar a su maestro, San Juan de Ávila, todo lo que ha sufrido y confiarle su deseo de fundar un hospital propio, éste lo envía al Monasterio de Guadalupe y le dice: “Allí encontrarás un hospital, una botica y un albergue; te formarán en el arte del cuidado de los enfermos.”


«Uno de los aspectos que más le preocupaba era la dimensión espiritual de sus pacientes. Comprobó que al tratar a los enfermos desde esa espiritualidad, sanaban más rápido. Incluso la medicina era más efectiva, porque no solo se trataba el cuerpo, sino también el alma»

Contexto histórico Mediados del siglo XVI, Granada. Había diez hospitales y muy pocas camas. No existía el concepto de hospitalidad ni de cercanía al enfermo; el trato de médicos y enfermeras hacia los pacientes era muy frío y pésimo con los enfermos mentales. La formación era muy escasa tanto en medicina como en enfermería. Las enfermeras no se formaban académicamente, solo con la práctica en cuidados; práctica pura y dura, no había más.

Es el promotor de 5 fundaciones, entre ellas el actual Hospital San Juan de Dios de Granada Hace realidad su sueño al abrir su primer albergue en una modesta casa alquilada en Granada. Se trata de una vivienda pequeña donde acoge a mendigos, desahuciados, marginados e incluso niños abandonados. Atiende a todos sin más ayuda que la suya propia. Su fama comienza a extenderse por la ciudad y el albergue pronto se queda pequeño. Ante la creciente necesidad, alquila una casa de mayor tamaño y, en 1535, funda la Casa de Lucena, un hospital al que traslada a los enfermos del primer albergue y donde acoge a cuantos necesitados encuentra en Granada, incluidos leprosos. En esta segunda etapa ya cuenta con la colaboración de algunos voluntarios.

El segundo hospital, situado en la calle Los Gomeles, se estableció en una casa donada por benefactores. El tercero, habilitado en el antiguo convento de San Jerónimo, no llegó a verlo concluido, pues se inauguró tras su fallecimiento. Ese centro es hoy el actual Hospital San Juan de Dios de Granada. Además, fundó otro albergue en Toledo.

«Su principio fundamental era tratar a los enfermos como personas, convencido de que el verdadero centro y corazón del hospital debían ser siempre los pobres, los enfermos y los desvalidos»

Un estilo de vida y un nivel de entrega comparable a Teresa de Calcuta. Sostenía sus hospitales pidiendo limosna, con un grado de entrega absoluta. Su principio fundamental era tratar a los enfermos como personas, convencido de que el verdadero centro y corazón del hospital debían ser siempre los pobres, los enfermos y los desvalidos. Él apenas comía. Prefería pasar hambre antes que permitir que faltara alimento a los enfermos. Todo lo que reunía —dinero o víveres— lo destinaba a la compra de medicinas, ropa y sábanas. Y siempre vestía con andrajos y caminaba descalzo. Si encontraba a un pobre, no dudaba en quitarse su propia ropa para dársela.

La dimensión espiritual del paciente. La hospitalidad, el respeto, la compasión y el amor al paciente, junto con la convicción de situarlo siempre en el centro de los cuidados, son los valores que guiaron a San Juan de Dios. Sin embargo, uno de los aspectos que más le preocupaba era la dimensión espiritual de sus pacientes. Comprobó que, al tratar a los enfermos desde esa espiritualidad, con amor, cariño y atención al corazón, sanaban más rápido. Incluso la medicina era más efectiva, porque no solo se trataba el cuerpo, sino también el alma.

Si era laico y nunca perteneció a ninguna orden religiosa, ¿por qué le llamaban Juan de Dios? El nombre de “Juan de Dios” surgió primero por admiración popular. La gente de Granada, al ver cómo cuidaba a los enfermos y a los pobres, lo consideraba un verdadero hombre de Dios. Hasta entonces, solo sabían que se llamaba Juan —concretamente Juan Ciudad—, así que comenzaron a llamarlo Juan de Dios.

El nombre oficial se lo puso posteriormente Ramiro de Fuenleal, obispo de Tui. Viendo su obra, le otorgó oficialmente el nombre de Juan de Dios y le otorgó un hábito tosco —a pesar de que Juan siempre fue laico y nunca perteneció a una orden religiosa formal en vida— para que pudiera actuar en nombre de la Iglesia sin ser sacerdote ni religioso. De esta manera se reconocía su labor dentro de un marco oficial, sin necesidad de ser religioso, y se le daba vía libre para organizar su obra asistencial. A partir de ese momento comenzaron a gestarse los orígenes de la Fraternidad Hospitalaria, que consolidó la labor asistencial que él había iniciado con sus cinco fundaciones.

«Fue pionero en separar a los pacientes por patologías y sexos y en asistir y proteger a los enfermos mentales»

  • Separación de enfermos: Fue pionero en separar a los pacientes por patologías y por sexo.
  • Visión humanizada: Centró sus acciones en la persona detrás de la enfermedad, tratando especialmente bien a los enfermos mentales.
  • Voluntariado: Implementó el uso de voluntarios para ayudar en los cuidados.
  • Fundaciones: Realizó cinco fundaciones (cuatro en Granada y una en Toledo). Su primer hospital real fue la Casa de Lucena en 1535.

Figura tallada de San Juan de Dios ubicada en el Colegio de Enfermería de Córdoba

Muere por salvar a una persona que se estaba ahogando. En el invierno de 1549 se lanza al río Genil para salvar a un joven que se estaba ahogando. Esta heroicidad le provoca una pulmonía -de la que nunca logra recuperarse y que no hace más que agravar su ya delicado de salud, de toda una vida de sacrificios, por lo que finalmente muere a la edad aproximada de 45 años.

Cuando su estado empeora en el hospital, Ana Osorio, una mujer de la alta sociedad que lo apreciaba profundamente, logra convencerlo de que se traslade a su casa para recibir cuidados. Al enterarse, todos los enfermos que podían moverse, así como los pobres, se congregan a su alrededor. Lo querían tanto que no querían dejarlo partir; muchos lloraban desconsolados ante su partida. Cuando fallece, se produce un clamor en toda España, principalmente en Granada, donde era especialmente conocido.

Sergio, ¿qué valores de San Juan de Dios consideras que deberían inspirar a quienes hoy ejercen las profesiones sanitarias? “Además de trabajar por un sueldo, como todo el mundo, los sanitarios deberíamos ver en el enfermo a una persona que nos necesita y acercarnos a él desde el amor y con el respeto máximo”


Se llamaba Juan Ciudad y era español
Aunque su biógrafo oficial dijo que era portugués, documentos descubiertos en 1951 demuestran que nació en Casarrubios del Monte (Toledo) y que sus padres eran judíos conversos.


En Granada se pueden visitar la Casa de los Gomeles (museo) y el hospital que fundó en un antiguo convento de Los Jerónimos de Granada, que en la actualidad es el Hospital San Juan de Dios.


En 1930, el Papa Pío XI lo nombra patrón de la enfermería. Fue canonizado por el Papa Alejandro VIII en 1690 y León XIII lo había declarado patrón de los hospitales y los enfermos en 1886.



La Pastoral de la Salud es un secretariado de la diócesis que vela por mayores, jóvenes o cualquier persona que se encuentre sola o enferma visitándoles en sus domicilios. Sergio es el director de este secretariado que se organiza en grupos parroquiales y también cuenta con voluntariado en el hospital y con la labor de los capellanes: Rafa, Diego, Juan Pablo, Guillermo (en el hospital Provincial) y Félix (en Calahorra). Cualquier persona interesada puede convertirse en voluntario dirigiéndose directamente a su parroquia.


El Colegio de Enfermería de La Rioja no se hace responsable de las opiniones expresadas por las personas entrevistadas.